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Deberíamos ser más como los niños

Erika dice:
Empezando hoy

A medida que vamos creciendo, vamos cambiando y muchas veces nos olvidamos de las cosas que realmente son importantes en la vida. Sin embargo es posible que en el camino nos encontremos con cosas o personas que nos hacen recordar lo importante y hacer un esfuerzo por volver a ello.

Los niños pueden ser ese algo que nos abre los ojos. Sí, a veces son llorones, llevan nuestra paciencia al límite y tratan de manipularnos, pero cuando los miras desde otro punto de vista y logras su amistad, llegan a ser personas que nos admiran y hasta compañeros de juego. He aquí algunas razones por las cuáles deberíamos tratar de ser como ellos y probablemente nuestra vida fuera un poco menos complicada.

Le dan a sus padres el afecto que se merecen.

Cuando uno era pequeño, solía gritar con emoción varias veces al día por sus papás, cuando te buscaban en una piñata, cuando te buscaban en el colegio o cuando llegaban del trabajo a la casa. Después uno se convierte en adolescente y por alguna extraña razón no quiere ni verlos, y el simple hecho de que ellos estén cerca de nosotros nos da pena. Vamos creciendo y la relación mejora, sin embargo es posible que quede la actitud distante de nuestra parte como para demostrar que “no los necesitamos”, ahora bien ¿por qué ser distante y poco cariñoso con las personas que nos criaron y nos dieron todo y  no demostrarles lo agradecidos que estamos?

No tienen auto-conciencia.

Es decir, no están pendientes de todo lo que hacen y de cómo se ven cuando lo hacen, ni de qué pensará la gente a su alrededor. Son más auténticos en ese sentido, cuando quieren hacer algo lo hacen y lo logran con naturalidad; en este casi no significa que vamos a empezar a actuar sin pensar, pero tampoco frenarnos por el qué dirán y que si en verdad queremos algo, hacer todo lo que esté en nuestras manos para lograrlo.

Tienen una excelente relación con la comida.

Si le preguntas a un niño qué es una caloría, es probable que piense que es un dinosaurio o un nuevo planeta que descubrieron, no creo que lo relacione con comida. Si les explicas qué es el ejercicio y les recomiendas que lo hagan porque es bueno para su cuerpo y su salud, probablemente te dirían que pasan todo el día en eso. Uno no puede comparar la dieta de un adulto con la de un niño, el cuerpo cambia y como adultos no podemos darnos el lujo de comer lo que queramos cuando queramos, pero es imposible no admirar como comen cuando tienen hambre, paran de comer cuando se llenan, no se comen algo que no les provoca y nunca van a ahogar sus penas con respecto a su peso en unas margaritas.

Siempre dicen la verdad.

Si uno tiene un sucio en los dientes, es probable que pase todo el día con él y que nadie se atreva a decírnoslo, así al vernos en un espejo vamos a pasar pena y haber querido que alguien nos advirtiera. Sin embargo, un niño sí lo diría sin importar la pena que uno pueda sentir al escucharlo; esto no significa que vamos a ir por la vida diciendo cosas sin importar lo que lo demás sientan al respecto, pero como somos adultos, podemos tener un poco de tacto y aprender a decir la verdad.

Están completamente comprometidos con todo lo que hacen.

Cuando juegan algo lo juegan como si fuera de verdad, bien sea jugar al colegio, a la casita o cualquier cosa siempre van a ser la mejor “mamá”, “alumno”, comerse sus vegetales de plástico o armar la mejor ciudad con sus legos. Le ponen concentración, esfuerzo y siempre tratan de dar el máximo; nosotros como adultos deberíamos hacer lo mismo; en nuestro trabajo, relaciones amorosas, familiares y todo aquello con lo que estamos comprometidos.

Con información de: www.thoughtcatalog.com

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