Querida inflación:

Sé que constantemente debes recibir cartas de gente de todas partes del mundo. Especialmente de Venezuela. Ya sabes que aquí eres como una picada de mosquito. Es imposible no sentirte. Pero no te lo tomes a mal, entiendo que ese es tu trabajo.

El motivo de esta carta es para manifestarte mi preocupación como joven y compradora compulsiva de productos de farmacias. Digo las farmacias porque es ahí específicamente donde he sentido más tu presencia. Estás en las toallitas desmaquillantes, el jabón, las afeitadoras, las Oreo, el Pirulín… Ay ¿qué tiene de malo que aproveche de comprar antojitos de una vez?

En el champú para rulos no estás muy presente porque ya casi ni se consigue. Eso me parece bastante discriminatorio para la gente con rulos. Así como me molesta que ahora solo hay dos tipos de desodorantes: el que no sirve para nada y el que huele a Maki Club. Por cierto, mándale saludos a La Escasez, que seguro son panísimas. Me los imagino a los dos burlándose de nosotros cuando llegamos a la caja y empezamos a devolver todo lo que íbamos a comprar. Claro, luego de ver el precio.

Me parece un poco egocéntrico de tu parte que quieras estar en todos lados. Hasta para alquilar un apartamento. ¿Por qué crees que todavía vivo con mi mamá? ¡Por tu culpa! Aquí mudarse a un sitio más o menos decente es tan caro como vivir en todo el frente del Central Park de Nueva York. La diferencia es que en Caracas, además de tener vista al Ávila (cosa que agradezco), quizás te consigas con la vista de un edificio invadido y una valla que dice que “la Revolución avanza”. ¿Acaso acabo de nombrar a otro de tus mejores amigos?

Ay Inflación, no te molestes conmigo, lo que pasa es que necesito que entiendas. Tengo como un año tratando de vivir de la actuación y la comedia. Sí, no te burles. Y la verdad es que ahorita con El Boliche, mi show de stand up comedy, nos está yendo bien, pero igual no es fácil. Por un lado, me consigo a gente que todavía me pregunta cosas como: “¿En qué es que trabajas tú?” Y por otro lado, a donde voy, ahí estás, como si fueras el dueño del negocio. El otro día te vi en Zara. ¿Antes Zara no era barato? ¿Qué hacías ahí?

Cónchale Inflación, de verdad ten un poco de consideración. Ya estoy harta de escuchar a gente de la edad de mis papás que se las echa porque cuando eran chamos todo era baratísimo. “¿Te acuerdas cuando íbamos al cine y nos costaba 5 bolívares?” “Ta’ barato dame dos, ta’ barato dame dos”. ¿Hasta cuando? Y eso que en esa época ni te robaban. Por cierto, saludos a los choros también.

Bueno Inflación, gracias por tomarte la molestia de leer mi carta. Espero que la consideres y empieces a actuar diferente. Tómalo como un favor para tu reputación. La gente está hablando muy mal de ti. He llegado a escuchar groserías que ni sabía que existían, de parte de gente que no te quiere mucho. Pero por favor no vayas a decir que yo te lo conté. Que quede entre nosotros.

Atentamente,

@AleOtero

COMPARTIR

COMENTAR

WordPress Appliance - Powered by TurnKey Linux