Escrito por Tatiana Kasijeva

Una vez más nos preparamos para iniciar un nuevo año lleno de esperanzas, con las pilas puestas, y con el firme compromiso de llevar adelante unas cuantas promesas. Pero no hay que confundirse; una cosa son los deseos, aquellos que pensamos con uva en las 12 campanadas, y otra las promesas que nos planteamos para el año entrante. Claro, una cosa es desear: “Quiero un buen empleo” y otra “Me comprometo a rebajar 20 kilos en el primer semestre”.

Muchas veces iniciamos las acciones con mucha euforia, pero al pasar los días (no llegamos ni a carnavales), esa euforia empieza a ceder terreno para continuar en la misma miasma, con las mismas rutinas, los mismos proyectos congelados y la misma actitud.

¿Porqué esperar para el año nuevo para hacer promesas?

 Claro, nos atragantamos de comida en diciembre, damos rienda suelta a los excesos en el cierre del año, para que arrepentidos, hartos y barrigones; y así llegamos mansitos en enero a ponernos en manos del entrenador o del nutricionista: “Señor, confieso que he comido y bebido”.

Repertorio de promesas incumplidas

Pero no todas las promesas se centran en adelgazar; hay un repertorio grande de ellas que, en su mayoría encierran una deuda moral, que cuando llega el fin de año y vemos que no las cumplimos (porque son las mismas del anterior), te llenan de una depresión reactiva al ver que llegó otra vez enero y estás en la misma situación.

He aquí un repertorio de promesas frustradas.

  •  Voy a ahorrar plata; tremendo propósito. Lo que pasa es que la capacidad de ahorro esta sujeta a la inflación, y la mayoría de las veces ahorramos para gastarlo en diciembre, o sea regresamos en enero pelando.
  • Gastaré menos plata en peluquería; embuste. Te compraste la plancha, comienzas enfiebrada a alisarte las chichas y a los días ya te cansas; porque, mi amor, no hay nada como estar sentadita y que te estiren esos pelos.
  • Cambiaré mis hábitos alimenticios por otros más sanos; bien bello, es como el que termina en un “Pare de sufrir”, después de que se ha bebido hasta el agua de las matas.
  • Este año termino la tèsis; pues échale pichón, porque resulta que tu tutor esta por jubilarse.
  • Voy a enseriarme; jajaja mírense en este espejo. Ni les cuento cuántas veces he hecho esa promesa, apenas vi el video prohibido de Ricky Martin me dije…”Ay no, voy a dejar eso para el año que viene”.

Por lo pronto, sigamos haciendo compromisos… que la esperanza es lo último que se pierde.

 

@TatianaKasijeva

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