Humor:
Las rumbas de la oficina
A estas alturas del mes de diciembre, seguramente muchos y muchas de ustedes estarán atragantados de pan de jamón, hallacas, bollos, panetón, etc. Todo esto debido a las diversas comilonas entre amigos y compañeros de trabajo para cerrar el año. Es éste un momento ideal para compartir con los empleados (amigos o no) fuera del rigor de las funciones y tareas diarias.
Sin embargo, es importante tomar en cuenta algunos consejos con el fin de no quedar mal ante los compañeros de trabajo y, peor aún, frente a los jefes, porque sobran los casos en el que un pana se toma hasta el Tippex de la oficina y terminan ganándose, en el mejor de los casos, una amonestación.
Fiestas fuera de la oficina
Fiesta es fiesta, pero si está relacionada con el lugar de trabajo, un mínimo de compartimiento y decoro se ha de tener. No es lo mismo reunirse en casa de unos amigos o en un centro nocturno para rumbear que una celebración de Fin de Año convocada, por ejemplo, por Recursos Humanos, así sea a miles de kilómetros lejos de la empresa. Con esto no quiero decir, que se debe andar acartonado, pero tampoco al extremo de bailar perrea’o con la secretaria o montarse encima de las mesas batiendo la chaqueta como un helicóptero.
El empleado suele relajarse un poco en estas fiestas. Desprenderse del uniforme o la seriedad de la vestimenta, hace que a algunos le aflore esa personalidad reprimida por los formalismos del trabajo. Es ahí, cuando nos damos cuenta que la aseadora esconde una “Tigresa del Oriente” debajo de su bata o que al circunspecto Jefe le gustan los pantalones de cuero ajustados. Cuidado con eso.
No es lo mismo comportarse mal en una discoteca que en una fiesta de trabajo. En el primer caso, podrías terminar en la policía, en el segundo, recibirás en el primer día laboral, luego del bonche, una invitación para pasar por caja a buscar tu liquidación
Puedes tomarte uno o dos tragos, pero si eres como “piñata de pobre” (que te caes con dos palos), jamás te pases de copas en un evento de este tipo, ni aun cuando el jefe sea cañero, allá él.
Fiestas dentro de la oficina
Si las fiestas de fin de año son del tipo “compartir”, sé honesta al cooperar. Por ejemplo, cuando se haga la lista de lo que aportará cada quien no te apuntes si no estás segura de que podrás cumplir la misión. En este caso, se recomienda al organizador de la fiesta, estar pendiente de los pichirres, que son los que siempre se anotan en el departamento de “vasos, platos y cubiertos de plástico” y generalmente son los que comen y beben más. ¡Alimañas!.
El famoso amigo secreto se ha convertido en una tradición en las oficinas, no obstante, es un juego en el que a pesar de que se fijan de antemano las condiciones, siempre resultan personas molestas con el regalo que le dan. Nuevamente aquí hago un llamado al organizador. Los pichirres, golilleros y “vive la pepa” deben ser advertidos. “Si regalas una bagatela, te vamos a rayar con el jefe”, le diría yo.
El brindis en la oficina debe ser breve para no dejar que a nadie se le desarrolle una borrachera, recuerden que no es una tasca, es el lugar de trabajo. O sea, nada de camiones de cerveza y no sé cuántas botellas de whisky, que hace que la gente no se vaya hasta que no se han bebido la última gota de licor.
La mayoría de empresas en la actualidad apuestan mucho por crear un ambiente laboral idóneo y este tipo de celebraciones contribuyen a lograr que se incremente el buen clima entre compañeros y jefes. Pero ojo, que no termine el remedio siendo peor que la enfermedad. ¡Salud!







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