Escrito por Tatiana Kasijeva

El psicólogo y escritor, Walter Riso, escribe sobre la fidelidad lo siguiente: “Mucha gente no busca la aventura, la encuentra y sucumbe. No están preparados para enfrentarla porque nunca imaginaron que les podría pasar a ellos”.

Las religiones consagran la fidelidad como una virtud y condenan el adulterio hasta con pena de muerte sobre todo cuando la mujer es la pecadora (saludo solidario a Kristen Stewart), hoy en día, el círculo se ha cerrado.

¿Qué es ser infiel?: “romper traicioneramente un acuerdo afectivo/sexual prestablecido”. Es decir, para ubicarnos en contexto, no estamos hablando de fidelidad a una marca, ni fidelidad a un partido, nada de eso. Para hablar claro y raspao, hablamos de cachos y en el ámbito que nos ocupa hoy, “Cachos 2.0”.

El término “Fidelidad” se ha reducido, gracias a las redes sociales, a una norma de calidad que significa que la reproducción del sonido o imágenes de un equipo, es muy fiel al original y su otra acepción, la de relación de parejas, es casi castellano antiguo.

Las redes sociales han venido a crear un nuevo escenario para la estabilidad de las parejas. No hace falta que tu pareja se exponga a las amenazas de las jaurías callejeras (léase, que le echen los perros en la calle) para que sucumba a una aventura. Todo está al alcance de un “click” o de los pulgares.

El mundo virtual es aprovechado por muchas personas para desdoblarse. En ese mundo paralelo sin darnos cuenta, somos otras personas, sobre todo si hacemos uso de seudónimos. En base a esa doble vida, damos rienda suelta a instintos ocultos y en ese juego, ¡zuas!, surgen nuevas relaciones.

“Mi amor, contéstame ese Pin, que me estoy bañando”, ¡Sí Luis!, eso no existe. Los teléfonos inteligentes son una fuente común de esos flirteos, que a la cuaima, más cuaima, se lo hacen en su cara.

“En una relación con…”, es el estado civil, por decirlo de alguna forma, que se muestra en Facebook, algo que un caballero coloca, solo en la etapa “full in love” de la relación porque, de lo contrario, las fotos con sus parejas las tiene si le han hecho tag.

El concepto de la fidelidad se ha arraigado en nuestra psiquis a través de milenios, pero el crecimiento de las cada vez más entreveradas redes sociales, obliga a que ese concepto se redimensione. Es más, me atrevería a decir que en un futuro, el sacerdote finalizará el sacramento matrimonial diciendo. “Hasta que Dios y las redes los separen”.

@TatianaKasijeva

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