Entretenimiento:
Una línea verde y alta… Un parque
Escrito por Manuela Fonseca
Verde que te quiero verde es lo que todos queremos ver; en estos tiempos sobretodo en lo que a ambiente se trata, en lo que a lugares va. Y mientras más verde hay en nuestra vida, más felices somos y más claro vamos teniendo ese norte general que muchos proponen: una vida más sana, más limpia, más libre. Sin embargo, en ciudades como Nueva York el mercado negro del verde parece estar cada vez con mayor demanda, porque a menos que esté uno parado en el corazón del Central Park, es difícil hallar lugares donde el verde sea el color predominante.
Por esa razón, últimamente se han dado a conocer distintas propuestas que hacen del verde un protagonista. Un instrumento clave para el bienestar de los habitantes de esta ciudad loca, la jungla de concreto como suelen llamarla, con sus colores gris y ladrillo gritando por todas partes. Gracias a Dios existe el azul del cielo para hacer contraste dentro de un paisaje que aun así y con todo eso… Es simplemente espectacular. El parque High Line fue una de esas propuestas verdes que no solo se presentó, sino que hoy por hoy es una realidad visitada por miles de personas diariamente. Situado en el Meatpacking District y subiendo calles hasta las galerías de Chelsea, es un espacio perfecto para descansar, para voltear hacia el oeste e inspirados en los aires del Hudson y de la novia Nueva Jersey, respirar profundo y soñar con todas esas locuras que nos inspira el estar en Nueva York.
Es caminar suspendido del tiempo encima de la ciudad. Un tiempo que viene atormentado siempre como corriéndole a la vida ¡porque todo es para ya! Entonces se siente la necesidad de subir aún más cerquita del cielo para poder respirar como queriendo detener el tiempo… Y por ello está como colgando de una nube, subiendo hacia él a través de escaleras industriales… Grande, amplio, entre paréntesis de la ciudad. Porque se está arriba y se puede ver desde otro punto. Porque se puede caminar sin tropiezos, ni carros amarillos, ni aceras, ni cruces peatonales. Porque se puede andar con los ojos cerrados como en un parque, pero se está en la ciudad. Porque hay flores en primavera de distintos colores, y hay muestras de arte y hay un lugar especial para cada quien.
Se va caminando… Se va transitando sin siquiera saber que también se va avanzando dentro de la misma ciudad. Como cuando cruzas el Central Park hasta el lado oeste entre lagos, pastos y palomas y al llegar al otro extremo no te acuerdas el por qué. En el High Line se suben calles de la catorce a la treinta mientras va atardeciendo en el West Side, mientras el sol va pintando de oro el verde de las matas, el blanco de las flores. Y en invierno huele a leña y el calor del caminante que se lleva de lado te va enseñando por dónde es que viene la noche. Un parque en medio de una ciudad que siempre tiene sobrepeso y que huele a concreto. Una alternativa ideal para aquellos que prefieren el movimiento vanguardista que está en el sur, para aquellos que van de visita y conocen poco y quieren saber más. Que no suelen visitar barrios que años atrás ofrecían escasos atractivos para la gente que viene y va. Que se queda.
El High Line cuenta además con un calendario de eventos y muestras artísticas que varía según la época del año. Para ampliar la información ir a thehighline.org







COMENTAR