Editoriales:
¿A qué hueles?
Tanta gente que habita este planeta y muchos con el mismo objetivo: diferenciarnos de los demás. Ya sea por la pinta, la personalidad, el color de pelo, la medida del pie o la forma de las uñas. Queremos ser únicos e irrepetibles.
Hay una frase de la serie Dawson’s Creek (lo siento, sí la vi, y también muchos capítulos de Charmed, ya el daño está hecho) en el que Pacey le pregunta a Joey: “¿Crees que por querer ser distinta como todos, eso te hace diferente?”.
En Japón es más fácil conseguir una cita en un consultorio odontológico que en una peluquería. Un corte de pelo asimétrico, combinado con un tinte color verde son algunos de los looks más recurrentes para sobresalir en una hora pico del metro. Aunque de este lado del mundo, en el metro de Caracas, mientras más desapercibido pase uno mejor.
Pero en nuestro afán por resaltar en un grupo, llegamos a coincidir en muchas cosas. Como en los aromas por ejemplo ¿A quién no le gusta el olor a bebé? Es una obsesión que tenemos. No se han dado cuenta que todo viene con aroma a bebé: limpiador de piso, lavaplatos, detergente, suavizante, ambientadores, limpia pocetas, jabones, velas, desodorantes con olor a talco de bebe, ¡pre-candidatos con olor a nene!
Es que no hay nada que te defina más que el aroma que despides al pasar o al llegar. Crecimos con fragancias clásicas como Old Spice, Jean Nate, Anais Anais o Paris. ¿Quien no recuerda al hombresote que salía con Kiara en la cuña del perfume DESCARADO? Despedía más masculinidad que los modelos machotes que salían en las cuñas de cigarros cabalgando por desiertos.
Hace algún tiempo elegíamos “eau de toilettes” con nombre desconocidos pero con aroma de cercanía e identidad. Antes unas querían ir por ahí oliendo a rosas, otras deseaban dejar una estela de vainilla con madera al pasar, otras se conformaban con jazmín y lavanda. Nuestras sensibles narices eran las encargadas de esa individual y solitaria tarea de elegir el perfume que te distinguirá de las demás.
Pero ahora, comprar un perfume es muy raro. Afiches de Shakira, Beyoncé, Jenifer López, Paris Hilton y Thalia, te atacan al entrar a una perfumería, todas sexis, sudorosas, despeinadas, con poca ropa, posando como gatas con una expresión como diciendo: “Hueleeeeeeee aaaaa míííííííí”
No está fácil comprar un perfume por la celebridad que lo representa. Es muy fácil juzgar la fragancia según su creador o creadora. Quien compra el perfume de Alicia Machado, es realmente porque se quiere meter en problemas y no dejo de pensar que el perfume de Paulina Rubio tiene un toque de tequila en el fondo que te hace oler como hubieras si rumbeado hasta el amanecer. Sin duda el de Kate Moss me hará sentir muy liviana, como con 10 kilos menos. No le tengo fe al de Christina Aguilera. Si alguien sabe para qué público está dirigido el de Justin Bieber, me avisan. Y Diosito te lo pido, jamás me pongas en la terrible situación de preguntarle a un hombre: “¡Mmm qué rico! ¿A qué hueles?” y me responda: “a Enrique Iglesias.”







COMENTAR