¿Cómo les fue esta semana con el control calórico de sus cuerpecitos? ¿Han podido controlar esas ganas de probar el pan de jamón de hojaldre que no han comido en todo el año? ¿Han logrado mantener el promedio de ingesta de hallacas a una por semana? ¿Han podido cumplir con lo de “no más de 4 copitas” en los compromisos navideños?, no solo para evitar aumentar de peso, si no para no caer en las típicas impertinencias en los celebraciones decembrinas.

No hay nada más indigno que ponerse demasiado (etílicamente) contento en los eventos que organiza la compañía en navidad, sobre todo porque corres el peligro de agarrarla con el jefe y perseguirlo por toda la fiesta para hablar de tus impresiones sobre el mal manejo de la compañía, quejarte de que no valoran tu trabajo, que el ambiente ya no es el mismo, y aun peor, decirle que todo el departamento administrativo cree que está buenísimo y que todas desean salir con él.

Como verán el mes de diciembre está lleno de contradicciones, por un lado sentimos que podemos relajarnos en todos los aspectos, total, hemos trabajado duro todo el año, hemos cumplido con casi todas nuestras obligaciones y tenemos esa sensación de tener licencia para echar un poquito de carro. Por otro lado, estamos en ALERTA MÁXIMA para evitar los excesos, es “auto-controlar la irresponsabilidad”. No solo hay que darle un parao’ al tercer bollito que estás a punto de devorar, sino que también debemos estar pendientes de no desbocarnos con la bebida, la comida, la palabra y las emociones.

Para evitar este tipo de espectáculos, de momentos inolvidables para los espectadores y bochornoso para los protagonistas, la solución es hacer todo lo que se hace en diciembre durante el transcurso del año.

El amigo secreto debe comenzar en enero,  así uno va administrando los 300Bs. dispuestos para el regalo durante los 12 meses y nos evitamos ese golpe al monedero a fin de año. Las llamadas y mensajes de buenos deseos los podemos comenzar en julio, para no estar llamando a última hora para dar el feliz año cuando todas las comunicaciones colapsan.

Lo mismo pasa con el reggaetón. Hay que entregarse de una vez y bailarlo por lo menos una vez al mes, así evitamos el vergonzoso momento de adueñarte de la pista de baile de la fiesta de navidad del edificio y terminar “perreándole” al San Nicolás (que es el presidente de la junta de condominio) imaginándote que es Chino (el amigo de Nacho) con barba blanca.

Si pudiéramos comer las uvas de fin de año una por mes y pedir el deseo bien pensado, con la mente clara, sería mucho mas efectivo que ese acto de auto-asfixia, para llegar morado y atragantado al año que recién estrenamos.

Los restaurantes deberían instaurar el menú navideño para todos los últimos viernes de cada mes, así uno va matando el antojo de la ensalada de gallina y evitamos esa terrible maña decembrina del ser humano que es el de llenar, no uno, si no dos platos en el buffet navideño de ese exclusivo restaurante de Las Mercedes.

¡Administrar las costumbres navideñas, para evitar el bochorno, es el lema que nos debe acompañar de ahora en adelante! Todo sea por mantener nuestra talla 4 y por mantener la dignidad un año más!!! (Y claro, el puesto de trabajo).

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