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¡CLICK!

La función del circo estaba a punto de comenzar, yo buscaba como acomodarme en el asiento con la cartera a un lado, las cotufas del otro, el refresco, el agua y Matias, bravo porque le dije que no se podía montar encima del tigre (no es fácil).

En los asientos de al lado dos niñas de 8 y 11 años, no estaban precisamente comiendo un delicioso y calórico algodón de azúcar, esas eran otras épocas.

Cada una de ellas levantaba con su mano derecha eso que llaman algunos un “teléfono inteligente”, apuntando directamente hacia la pista para no dejar que se le escapara ni un solo acto del circo de los tres aros. Sí, 8 y 11 años, ya con su celular propio que para lo que menos lo usan es para hacer una llamada. Independientes, dueñas absolutas de su mundo digital y del su zoom con que verán sus recuerdos de aquí a unos años.

Las remembranzas de mi niñez fueron captadas por cámaras con rollo fotográfico y te decían: “¡ponte ahí pa´tirarte un foto!” (sí, así mismo se decía). Uno posaba, lo mejor que podía y ¡listo! quedara como quedara, los rollos eran muy caros y el revelado más, para andar repitiendo fotos. Por eso antes no se tomaban fotos como locos, si no muy selectivamente.

Los que sabemos de estas antigüedades tenemos claros que muy pocas veces salíamos bien, a mí me salían mal encuadradas, choretas, le cortábamos la cabeza a los más altos, dejábamos medio brazo a los que posaban en las esquinas, salíamos con los ojos rojos, movidos y casi siempre con los cauchitos de la barriga afuera, y de cuando en vez, se atravesaba el dedo de la fotógrafa (mi caso particular). Para mejorar la técnica nos tocaba comprar otro rollito e intentarlo otra vez.

Ahora los niños tienen el poder en sus manos, tienen la libertad de grabar cuantas imágenes les provoque, tomarse mil fotos en un día sin tener que ir a “Rapidfot” y encima deciden cual foto sirve y cual no.

“Bórrala y tomamos otra” – ¡Nooo! – “Otra, otra, que se me ven mucho los aparatos. Ahora sin flash para no salir tan pálidas, métele zoom para salir solo las caras, ahora otra pero de la cintura pa´rriba” – Vamos ahora todas mirando hacia la derecha como Paris Hilton, ahora como si fuésemos vampiras – “¡Ay, no! qué horrendas, dale otra”.

Ya los álbumes no pesan 4 kilos, si no 4GB. “Carnavales 2011”, “Vacaciones castigada”, “Cumpleaños a mí” “Varias lindas”.

Que fácil es almacenar la vida hoy en día. Sencillo, cómodo, al alcance de los niños, y eso sí, con muy pocas posibilidades de mostrarte ante el mundo con un ojo apagado o la barriga afuera.

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