Escrito por Leo Rojas

Sin apuntar a la idea de generalizar un gremio e inclinándonos, aún más, hacia la teoría de que existe todo lo que se piensa, se atravesaron ese tipo de mujeres que con dones de señalizaciones mentales van y vienen derrochando esa facilidad que tienen para hacer las cosas más difíciles.

Somos parte de una era que, tecnológicamente, ha puesto en bandeja de plata los instrumentos para expresar cualquier tipo de interés, gusto o disgusto. Una excusa matemáticamente lógica como para darle mil vueltas a los debates emocionales  entre 2 personas, que sin saberlo, son ingenieros de su futuro compartido. Nadie le quita puntos al morbo de flirtear sabiendo que lo que vamos a cocinar, está puesto sobre la mesa, pero ¿cómo diferenciamos ese sentimiento gratificante con el de no saber si vamos bien encaminados?

Tengo una teoría interna desde el momento en que decido comprometer mi atención hacia alguien. Estoy en contra del “aguardar”, los trabajos en vano y la pérdida de tiempo al punto de que, para mí, toda espera recibe el tiempo que se merece, frase que puede calar dentro de cualquier editorial mental, situacional, real y clásica. Es como si les dijera que al adivinar la clave de mi celular, podrían quedárselo. Una señal complicada puede bloquear una decisión tanto como una evidente, volviendo al tema del morbo que va y viene.

Para dormir bien, un mar de especulaciones no cae mal, generado evidentemente por lo aburrido y tardío del caso. ¿Nunca se han puesto a pensar todo el entretenimiento que genera la verdad, o prefieren decir la verdad para no entretenerse?

La señas y claves se las dejamos a la traductora de mudos durante el himno nacional.

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