La cola del estacionamiento de Plaza las Américas estaba más larga de costumbre. A la primera señora que intentaba conseguir monedas en su camioneta mientras lidiaba con un bebé de meses y otro más grandecito con uniforme escolar y un reguero de juguetes en el asiento trasero le perdoné la demora. Ya pasé por eso, comprendo. Con el segundo del Volskwagen dudé porque llevaba un billete de dos bolos en la mano y lo cambio por uno de cinco.

Cuando finalmente llegué a la taquilla comprendí: subieron la tarifa de los estacionamientos. ¡Siete años después!

De una tarifa irreal de 1,12 bolívares la hora, pasamos de un solo trancazo y sin medias tintas a 3,36 bolívares y en octubre viene otro tramo del aumento. La muchacha de la taquilla me dio la factura mirándome a los ojos mientras se pasaba la lengua por los dientes a punto de soltar un ¡que lambucia!

Ese mismo día había tenido que pagar 25 bolos por un agua saborizada de kiwi importada-de-yo-no-sé-dónde porque del agüita normal y silvestre nanai nanai.

Así que mientras refunfuñaba en el carro por el maltrecho presupuesto familiar recordé el presupuesto de quienes llevan negocios como un estacionamiento, una bodega o un abasto. Que paciencia hay que tener y que capacidad de invención para sortear con suerte los controles de esta economía del ensayo y del error.

A la espera de un aumento en las tarifas y prohibidos los valet parkings y cualquier otro atajo para asegurar los ingresos, muchos estacionamientos habían pasado a convertirse en depósitos para buhoneros, guardamaletas o proyectos de vivienda, so pena de tomas o expropiaciones. La calidad del servicio desmejoró y la oferta se redujo dramáticamente al punto al que conseguir estacionamiento después de las 9 de la mañana en Caracas es similar ahora a encontrar un pote de Mazeite del original cuando uno va a hacer mercado.

Lo mismo irá a pasar con el agua embotellada, supongo, mientras el Gobierno termina de reconocer que no todo el mundo va a ser socialista a juro, si es que por socialismo entendemos el fenómeno de trabajar para producir un bien o prestar un servicio sin obtener ganancia alguna.

A mí como el socialismo del siglo XXI aún no me entra, pido que los suban por favor. Los precios, digo yo. Si así podemos llenar el carrito del supermercado sin arruinarnos con los sustitutos importados o terminar tomando cocuy en vez de agua mineral, bienvenidos sean los aumentos.

@mariannaparraga

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