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Hay 3 cosas que dicen la verdad: Los niños, los borrachos y la ropa apretada

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Escrito por:
L@s Espontáne@s

La otra vez mi mamá me dijo algo, que además de flecharme, me hizo entender una realidad irrefutable.

Las 3 cosas que no mienten son: los niños, los borrachos y la ropa apretada.

El primero, lo sabíamos de antemano. Los niños tienen esa capacidad de no disimular ni un ápice, lo que se les atragante en el cogote.

Aquello que se les cruce por su inocente mente, lo arrojarán, sin vergüenzas, ni pudores, ni ediciones ficticias. Son transparentes por naturaleza y esa “cualidad” sólo se verá amenazada por una importante tanda de pellizcos, propinados por su madre, (si sabe cómo darle un parado) o por la boquiabierta víctima.

Estos chiquitos, si tienen que decirte FEA a todo pulmón y sin cortes comerciales, lo harán en un tris, y además lo repetirán, dando saltos de canguro.

La orgullosa madre, (carente de tacto hasta el infinito), le dirá como al descuido: “Ya mi amor, no le digas fea a mi amiga. Ay Marina, es que son tan sinceros, que no miden sus palabras. Lo que sienten, lo dicen sin tapujos…”

Tú te quedarás, un, dos, tres, pollito inglés… Paralizada de indignación.  No lograrás digerir, cómo esta amiga, en vez de propinarle un tate quieto, con ojos “puyúos”, optará por reírse a todo pulmón, a punto de aplaudirle por tan osado comentario.

Después que caes en cuenta que es un niño y que es inocente de toda falta, pues más te chinchas, porque los infantes dicen la verdad y todo lo que te dijo, fue como una remolino de cuchillos afilados, que se te clavaron en las entrañas.

Pero, ¿qué hacer para superar tu mal rato? No mucho, ahogar tus penas (y tu dedo anular), en un pote gigante de Nutella, mientras oyes I will survivede Gloria Gaynor.

El tema de los borrachos, también se parece al de los niños, pero con ellos no deberíamos tener gran contacto. Uno los esquiva y no le damos chance de que nos digan “helaaaa”, (eso fue Hola en modo borracho).

Sin embargo, la tercera circunstancia, vocifera a todo gañote, aquello que no puede encubrir una realidad inamovible, la ropa apretada.

La pregunta que me corroe y me da comezón en todo el cuerpo es, ¿por qué hay ciertas damas, que se exponen desvergonzadamente, a pavonearse forradas, como los cuadernos de los niños de primaria, sin pizca de vergüenza?

Todo lo que se ponen, les queda tan ajustado, que uno aguanta la respiración, de tan sólo verlas.

No se dan cuenta, que vestirse así, es igual que leer un texto corregido con un marcador rojo Sharpie, que recalca todos los errores ortográficos.

Los rollos de la espalda, los de la barriga, los mega cauchos de gandolero y pare de contar, son los protagonistas que harán su debut, con mucho resuello, ante los atónitos ojos de quienes se queden de una pieza, viendo aquella masa, danzando de un lado a otro.

Y es que estas mujeres, están como envasadas al vacío. Como mortadela que uno compra en la carnicería.

Y no es que esté criticando los kilos de más, eso jamás.

Sólo creo, que en mi opinión (cero humilde), no hay nada más terriblemente revelador, que una ropa que esté como tatuada encima del cuerpo de la feliz ingenua, que se cree más divina que Beyoncé; no importa si los demás la ven, como Anna Nicole Smith…

Katy Chocrón

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