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Friends, una y otra vez

¿A ustedes no les sorprende el fenómeno Friends? Eso de ver los mismos episodios una y otra vez, recitar los diálogos de memoria, saber perfectamente cuándo viene el momento tal o cual, todo esto sin aburrirnos. Por lo menos yo desde hace años no me alegro por toparme un capítulo que no había visto, sino por conseguirme con alguno que tenía «tiempo» que no veía. Pareciera una cosa enferma, de gente desequilibrada.

Sin embargo, me he dado cuenta de que no soy la única anormal, que la situación se repite con gente contemporánea conmigo y, la verdad, me había estado preguntando por qué. La primera respuesta que se me ocurrió fue que se nos había fundido el cerebro; así mismo, simplemente se nos habían freído las neuronas con todas esas horas frente al Super Nintendo y su música satánica (I kid, amo la música de Mario Bros hasta el sol de hoy). Pero no, esa no podía ser la razón.

Entonces me puse a recordar la primera vez que vi Friends a ver si eso me daba luces. Me acuerdo perfecto, estaba yo en casa de una de mis mejores amigas de la infancia y estábamos haciendo zapping en su flamante parabólica –sí, parabólica- cuando nos topamos con el show. Recuerdo que no entendíamos inglés pero nos quedamos viéndolo, diciendo «bueno, nos reímos cuando suenen las risas de fondo»… Tonterías de muchacho. Unos cuantos años después, supongo que cuando ya era adolescente, comencé a verla regularmente, en esos tiempos cuando lo pasaban en Sony Entertainment.

En ese entonces me reía de los chistes tontos, de que mencionaran la palabra «sexo» tan seguido, de esas cosas que dan risa en la comedia universal. Luego de diez temporadas el show se convirtió en un ícono pop. Monica, Phoebe, Rachel, Ross, Chandler y Joey se convirtieron en una suerte de arquetipos contemporáneos al mejor estilo de Jung; la neurótica, la hippy, la coqueta, el nerdo, el raro, el galán. Sus historias se convirtieron en una referencia para nuestro día a día, «ay, eso es como el capítulo en el que…».

Muy bien, pero ¿por qué seguir viendo los episodios una y otra vez si ya las historias están tatuadas en nuestra memoria? Bueno, conseguí mi respuesta en estos días en medio de un almuerzo atropellado de esos que te comes frente al televisor. Era el capítulo en el que Carol va a tener a Ben y los demás están en la sala de espera. Mónica lloriquea porque quiere tener hijos y no tiene pareja y mientras tanto Rachel coquetea con el obstetra; de alguna manera Joey termina acompañando a una mujer que está dando a luz sola. Por alguna razón él termina hablando por teléfono con la madre de la muchacha y ella le pregunta su edad, a lo que él contesta: veinticinco. ¡Tenía la misma edad que tengo ahorita! Entonces me golpeó: no es lo mismo ver Friends cuando tienes 15 que cuando tienes 25.

El show trata sobre la vida de un grupo de jóvenes adultos y el conjunto de problemas a los que este grupo etario se enfrenta: independencia financiera, carrera profesional, conseguir una pareja estable o romper matrimonios que no iban a ningún lado, hijos y todo ello sin dejar de compartir con tus amigos… Y cómo bregar con todo aquello haciendo de tu vida una comedia. Entendí que no se nos quedó pegada alguna tecla en el cerebro sino que ver el mismo show para nosotros hoy día tiene otro significado, y que tal como cuando te lees un libro por segunda vez, lo que has vivido desde entonces hace que identifiques cosas que antes estaban ahí pero no las habías visto. Sí, quizás te ríes de los mismos chistes, pero la verdad es que el show te sigue ofreciendo cosas nuevas que se conectan con tu «yo» de hoy.

@amandaisabel87

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