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Coqueteo masculino

Una picadita de ojo, una sonrisa de medio lado en el punto exacto, un comentario atrevido… Es el arte oscuro de coquetear. También conocido como flirteo es la práctica social de hacer comentarios seductores a un opuesto a quien uno «le tiene ganas». Mientras más sutil más efectivo, mientras más discreto más tentador. Pero a veces no, a veces es una cosa incómoda, espeluznante, sudorosa y que da vergüenza ajena, como ese capítulo de Friends en el que Ross coquetea con la chica de la pizza: primero le dice que [a él] le gustan los niños de ocho años y luego le cuenta que el olor del gas es artificial para que sepamos cuándo hay una fuga. #Epico

Aparentemente –me cuenta Discovery Channel- los hombres son quienes dan las señales más evidentes de atracción sexual, y que adoptan, en esencia, el mismo aire que los pavos reales. Las chicas suelen ser más celosas con su coqueteo, la cosa no es siempre ni con cualquiera. Verán, la cosa es que cuando una ya no tiene quince, por más retaquita o lo que sea, ha sido coqueteada y aprende a distinguir ciertos patrones que le permiten saber por dónde viene la cosa, y la verdad es que estos estilos pueden ir muy bien o pueden ir muy mal. Les comento algunos.

El tímido: es el chico que se queda callado, sonríe presionando los labios y tiene una mirada penetrante. El que lo sabe llevar usualmente es más lo que se hace el penoso de lo que en realidad es, y aunque se sonroje, no desaprovecha la oportunidad precisa para lanzar el comentario que te dejará sin aliento. El que no lo sabe llevar, por otro lado, es el que antes de darte la mano ya se le marcaron «las cachapas» vaporosas y que los nervios no le dejan pensar en otra cosa que clichés prefabricados; 99% de los casos terminan siendo friend-zoneados.

El fanfarrón: el tipo se piensa como Fulanito “esto-lo-que-está-es-mi-amor” De Tal, es el típico que frunce el ceño mientras hace una mueca sonriente y habla en una voz más profunda que la verdadera. Usa palabras como «nena», «pequeña» o «belleza». Y hay que reconocer que la seguridad en sí mismo es una cualidad inequívocamente positiva, pero la actitud dependerá de dos cosas: el look y el tener muy claro dónde está la diferencia entre la osadía y la babosidad. Si las tres cosas están en armonía la chica lo reconocerá como una conducta divertida/chistosa, pero si la mezcla de componentes es la incorrecta, este personaje se convierte en un Howard Wolowitz de la vida.

El pícaro: su principal característica es la facilidad para hacer comentarios jocosos acompañados de una chispa jovial, incluso comete la osadía de picar el ojo. Es una técnica bastante eficiente, muy pocas veces la he visto fallar, y el efecto suele ser encantador. Sin embargo, quien abuse de esta técnica se convierte inmediatamente en un infantil o falsamente ingenuo.

El caballero: el príncipe azul. Es el chico que abre la puerta, invita la primera cita, se presenta a la familia y siempre hace comentarios como «las damas primero», mientras hace una pequeña reverencia y extiende su mano al frente. Por influencias de Disney o de lo que sea, éste es el coqueteo favorito del género femenino. En las dosis correctas tiene resultados fantásticos pues despierta una sensación princecística en la coqueteada. Pero en exceso puede ser empalagoso e incluso ser demasiado lento para las chicas del acelerado siglo 21.

El patán: el clásico chico malo que se la pasa en un «tira y encoge». El pana –sí, así mismo- dice las cosas más atrevidas «de frente», luego va y se desaparece, no contesta, no se interesa y vuelve y repite el ciclo. Contra todo pronóstico éste chico también obtiene resultados infalibles porque en medio de nuestra femineidad irracional, el drama está sobrevalorado, y hace todo más interesante ¿cuál es el riesgo del personaje? Que se le vaya la cosa de las manos y que en lugar de ser algo entretenido se convierta en un infeliz, digno de colocar su foto en el centro de un tablero de dardos.

La cuestión es que existe el coqueteo, que es una cosa natural y divertida. Hay quienes son más hábiles y quienes se sonrojan, incluso quienes balbucean en el intento; más aún, nadie puede negar que genera una tensión divertida, despierta hormonas y sube autoestimas. Puede tener intenciones lúdicas o trascendentales. Por eso nosotras, que por lo general nos involucramos fácilmente, debemos tomar un respiro profundo para apartar las tinieblas del coqueteo, y tratar al menos de distinguir si la cosa va para algún lado es simplemente un acto de pesca deportiva.

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