Uno de los aspectos más nefastos de un proceso democrático es justamente el que no sea un proceso democrático. Se entiende como tal el derecho y el deber que tiene todo individuo que vive en sociedades con ese patrón político, de opinar y votar de acuerdo a su preferencia por la candidatura de su elección a cualquier cargo de representación política en su país. En otras palabras, democracia es participar y elegir a quien uno desea que lo gobierne y administre los recursos del estado donde se vive. No participar en una elección es no ser democrático.

Yo sé que ya van a salir los filósofos de bar a decirme que no elegir es también una elección, pero cuando se deciden los destinos de un país, esa no es opción. No elegir es declarar claramente que no te gusta nada y peor aún, que no te importa nada. Cuando no votas en una elección lo único que demuestras claramente es tu indolencia fundamental ante lo que vives y lo que viven los demás. La hegemonía del abstencionista hace de sus países unos estados subdesarrollados y a merced de cualquier loco de carretera que quiera ponerle mano al coroto.

Cuando se decide no votar, se decide no decidir, lo cual te hace víctima de lo que elijan los demás y en consecuencia la queja posterior ante los posibles desmanes de un gobierno ineficiente son inválidos siempre que vengan de ti. Tú no elegiste, no te quejes. Por otro lado eso demuestra sin duda alguna una profunda baja autoestima, ya que cuando no se elige debido a que ningún candidato te gusta, lo que estás diciendo es que no eres capaz de reconocer lo bueno o lo malo de las propuestas. Nadie es tan bueno como se pinta ni nadie es tan malo como parece. Los seres humanos tenemos diferentes formas de actuar en el contexto. Hitler mientras mandaba a matar judíos acariciaba a su perro. Si el perro lo ponías a votar en una elección, seguramente votaría por Hitler. Lo que quiero decir es que siempre podemos elegir y esta elección dependerá de lo que queremos para nosotros o también lo que no queremos para nosotros. Elegir es la única opción si después quieres reclamar.

Cuando decidimos no votar, decidimos en contra de un proceso democrático. Somos una especie de autoritarios de la indolencia cuando nos abstenemos. Decimos con ese acto que pase lo que pase tú no te quieres meter en eso. No nos damos cuenta que ese pase lo que pase es al final algo que nos va a suceder a nosotros ya que si el gobierno es bueno también será bueno para ti en lo individual, y si es malo te va a afectar negativamente sin duda alguna. No votar es al final del camino ir en contra de ti mismo.

Si queremos patria debemos votar, entendiendo patria no como un slogan electoral sino como un concepto personal. Abstenerse no es opción y votar por el mejor candidato o en su defecto por el menos malo de todos es la obligación de todo el que se considere demócrata. No votar es un espaldarazo al totalitarismo y a la ineficiencia. Si no votas no tienes derecho. ¿Hay algo que demuestre más sumisión y baja autoestima que eso? NO! Así que ¿abstenerme yo? No, ni de broma, ¿y tú?

@Psicovivir

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